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Errores frecuentes que impiden el crecimiento de la Iglesia |
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Escrito por Fernando Alexis Jiménez- Pastor y evangelista
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Sábado, 13 de Febrero de 2010 12:14 |
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Cuando hablamos de Iglecrecimiento o dinámica del crecimiento de la Iglesia, necesariamente debemos remitirnos a los errores que cometemos con frecuencia, líderes y congregación y que nos llevan a un inevitable estancamiento.
Tomando como referencia el capítulo dos del libro de Apocalipsis y los siguientes, en donde se encuentran las siete cartas del Señor Jesucristo a las iglesias, estudiaremos a partir de hoy fallas que se reflejan en un aletargamiento o retroceso de las comunidades cristianas.
Dejar el primer amor
Recuerdo una iglesia de la que fui uno de los pastores pioneros. Comenzamos como un grupo de siete personas, en un garaje al sur-oriente de Cali. Las reuniones se cumplían los domingos, en la tarde. Pronto llegamos a ser una congregación de setenta personas. Alquilamos un edificio de tres pisos. Las cosas marchaban bien.
Una primera tarea fue promover la evangelización. Y pastores, líderes y creyentes en general, nos dimos a la tarea de repartir material evangelístico. Nos asistía un entusiasmo tremendo. Pero en la medida que íbamos creciendo a nivel congregacional, nos ocupamos en otras tareas y de las primeras jornadas no quedaron sino las fotografías que colocábamos en la cartelera de los jóvenes.
En síntesis, todos, absolutamente todos, perdimos el primer amor. Y ese error nos costó caro. Lo vimos reflejado en una progresiva disminución de la asistencia.
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Escrito por Redacción
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Sábado, 13 de Febrero de 2010 12:10 |
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Érase una vez un hombre, que mientras caminaba por el bosque, encontró un aguilucho. Se lo llevó a su casa y lo puso en un corral, donde pronto aprendió a comer la misma comida que los pollos y a conducirse como estos. Un día un naturalista que pasaba por allí le preguntó al propietario porqué razón un águila, el rey de todas las aves y los pájaros, tenía que permanecer encerrada en el corral con los pollos.
-Como le he dado la misma comida que a los pollos y le he enseñado a ser pollo, nunca ha aprendido a volar- respondió el propietario-. Se conduce como los pollos, y por tanto, ya no es un águila.
-Sin embargo- insistió el naturalista- tiene corazón de águila y, con toda seguridad, se le puede enseñar a volar.
Después de discutir un poco más, los dos hombres convinieron en averiguar si era posible que el águila volara. El naturalista la tomó en sus brazos suavemente y le dijo: “Tú perteneces al cielo, no a la tierra. Abre las alas y vuela”.
El águila, sin embargo, estaba confusa; no sabía qué era y, al ver a los pollos comiendo, saltó y se reunió con ellos de nuevo.
Sin desanimarse, al día siguiente, el naturalista llevó al águila al tejado de la casa y le animó diciéndole: “Eres un águila. Abre las alas y vuela”. Pero el águila tenía miedo de su yo y del mundo desconocido y saltó una vez más en busca de la comida de los pollos.
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Escrito por Arturo Quirós Lépiz
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Sábado, 13 de Febrero de 2010 11:59 |
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Darle el amor a los demás no te asegura que los demás te van a pagar de la misma forma. No esperes que el amor expresado regrese. Espera a que ese amor crezca en el corazón de los demás, pero si no es así, te darás cuenta que sí creció dentro del tuyo.
Al leer esto me recuerda a uno que dió amor y no lo recibió, hizo el bien pero no se lo reconocieron, perdonó pero no fué perdonado. El vino a darnos el ejemplo de lo ingrato que es el mundo, pero nos mostró el premio que reciben aquellos que actúan como El, pues después de ser muerto en un madero... ¡resucitó!
No esperemos que el mundo se comporte siempre bien con nosotros, sino hagamos siempre el bien y demos lo mejor de nosotros a los demás, después de todo, el premio estará al final de la carrera.
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